Lo que no dicen las cadenas
“Debemos concentrarnos en hablar de las soluciones a los problemas más acuciantes que tiene el pueblo”. Omar Barboza
La campaña brutal que desarrolla el Gobierno frente a las elecciones parlamentarias, por celebrarse dentro de 93 días, tiene como principal estrategia colmar el pensamiento de los venezolanos.
Que sólo se hable de los temas que al cogollo le interesa, además de que se olviden los asuntos que a los poderosos del presente les resultan incómodos.
Que ante los problemas que ya resultan inocultables se identifiquen unos culpables que inventa el Gobierno para que así exoneren de culpa a los burócratas del momento.
Dividir a la sociedad entre buenos y malos evitando la coincidencia de venezolanos en torno a los grandes temas nacionales.
La principal herramienta táctica para ese desesperado propósito son las cadenas de radio y televisión.
El cogollo rojo cerró emisoras, canales de televisión y persigue a los medios independientes que quedan, luego de lo cual contraataca con larguísimas y frecuentes cadenas que pueden durar todo el tiempo que le de la gana (o el capricho) a los amos del poder.
Si a ellos les da la gana de adueñarse de una hora o 10 horas de la comunicación pública de todos los venezolanos, lo hacen sin el mínimo recato ni pudor.
Y realizan su campaña electoral con la más descarada ventaja y desequilibrio que jamás haya existido, sin que haya instancia alguna capaz de reclamárselo.
Encadenan despiadadamente para hacerse propaganda inaugurando escuelitas, o comedores o un dispensario, acciones que no tienen nada de maravilloso y que son de mera obligación para quien ejerza el Gobierno.
Pero el cogollo lo presenta como un acto heroico, al tiempo que simula gran preocupación por los niños o los ancianos y aprovecha para descalificar con los más obscenos improperios a los venezolanos que disienten.
Pero las fatigosas cadenas nada dicen de la investigación y los responsables concretos del megaguiso de Pudreval.
Nada refiere cómo es que teniendo los más altos ingresos de la historia (tanto en petróleo como en impuestos) se desplomó el PIB, o sea, la economía; se han perdido más de 1 millón de empleos y, para colmo, devaluó en 100% nuestra moneda.
Nada dice del estado infernal de las cárceles, ni de los hospitales en todo el país que no están prestando servicio médico. Ni de la inseguridad.
Ante tanta cadena, vale exclamar: “¡Abajo cadenas!”.
Dir. Políticas Públicas
William Ojeda