Franklin Brito murió de inhumanidad; lo mató la insensibilidad. Teodoro Petkoff
Primera vez, que yo sepa, que un ser humano se juega la vida (y la rinde como tributo) por la defensa de su derecho a dejar a sus hijos lo que constituye su patrimonio familiar.
Estamos ante un hermoso gesto de amor y entrega, como pocos en la historia de la humanidad.
Esta alma grande no se dejó chantajear por las maniobras del poder. Se mantuvo firme en su indoblegable determinación de ser respetado.
Pero la arrogancia del régimen hacía imposible que se acatase su solicitud, los poderosos del presente no le quisieron escuchar. No se preocuparon en atender sus modestos requerimientos, porque andan muy ocupados en promover el colectivismo a juro.
En el enfoque gubernamental, solo la visión colectivista que promueve es virtuosa, la visión individual no solo la satanizan sino que incluso la criminalizan, llegando a la lógica perversa de justificar la muerte.
Los venezolanos hoy nos detenemos, en esta hora aciaga de la Patria, para expresar nuestro dolor frente a la muerte de un hombre regio, así como manifestar nuestra solidaridad con toda su familia.
Es un gesto humano natural, un compromiso cristiano y un deber moral ineludible, manifestarle a la familia Brito solidaridad y sentimientos de condolencia.
Es muy triste que en nuestra sociedad alguien tenga que poner en juego su pellejo para que las instituciones lo atiendan.
La sordera oficial de este tiempo es absoluta. Para el cogollo en el mando nada malo pasa, se solazan con la propaganda permanente que transmiten por el aparato comunicacional oficioso.
Y la falta de equilibrio de poderes a su vez, impide que cualquier cosa que preocupe al país se investigue o se discuta si no le interesa al cogollo, como ha ocurrido con el caso de las montañas de comida descompuesta de Pdval.
Esa sordina se la aplicaron al caso Brito, la historia de un humilde productor agropecuario quien dignamente no aceptó que le arrebataran su tierra para repartírsela a unos zagaletones compinches de los enchufados en el poder.
Protestó con toda la fuerza de su existencia, hasta morir. Hoy retumba en la conciencia nacional. Hoy Brito es un campanazo moral para Venezuela y una señal inequívoca de que el camino del colectivismo a juro que pretende imponer la burocracia de turno es un error garrafal.
Dr. en Políticas Públicas
William Ojeda